
Se dice que esta leyenda es la principal responsable de la popularidad de los Cerros de la Carpintera entre los pobladores del cantón. En 1842, el General Francisco Morazán, Caudillo de la Unión Centroamericana, se vio obligado a huir de San José a Cartago, donde fue ocultado por Doña Anacleto Amesto, una partidaria de la Unión Centroamericana. Sin embargo, los rebeldes lo lograron capturar conduciéndolo a San José y lo fusilaron. Tiempo después, se hablaba de un capital que el General Morazán llevaba consigo para invertir en la consolidación de la Unión Centroamericana. Se dice que Doña Anacleto envió a uno de sus servidores de confianza a ocultarlo en un sitio seguro de los Cerros de La Carpintera. La imaginación popular fue construyendo donde y como fue escondido este tesoro. Pronto despertó la codicia de muchos quienes recorrieron los parajes de La Carpintera infructuosamente, sin embargo, encontraron una gran piedra que sobresalía de las malezas y un gran hueco en forma de túnel debajo de ella. La piedra cubre a manera de cielo una oquedad de regular profundidad en forma de galería; su entrada y paredes están cubiertas de malezas; es oscura y filtra agua por todas partes; alberga murciélagos y otra fauna característica de estos sitios. Este sitio fue asociado al lugar donde estaba oculto el tesoro. Según los pobladores, ya había sido encontrado y los supersticiosos lo atribuyeron a obra de los espíritus. Tiene un aspecto misterioso y se dice que a ciertas horas sale de la gruta un pequeño gallito a cantar, luego se oculta. También se dice, que los días 25 de diciembre, la gruta se abre y corre por su interior, bolas de fuego. Otros dicen que los niños a veces podían escuchar música proveniente de la gruta, atribuyendo estos sonidos a un túnel que conectaba el sitio al Cine Cartago. A partir de todos estos acontecimientos alrededor de este sitio, los pobladores la denominaron “La Piedra del Encanto” abandonando su interés en el tesoro oculto y concentrándose en su atractivo natural e histórico.
